jueves, 27 de agosto de 2009

Una bonita historia de amor


La historia cuenta que, hace mucho tiempo, un hombre regañó a su hija pequeña de 5 años por desperdiciar todo un rollo de papel de regalo para envolver una caja.
La niña, a pesar de la regañina, dejó la caja envuelta bajo el árbol de Navidad y a la mañana siguiente, cuando todos estaban abriendo los regalos, se la entregó a su padre diciéndole: "Esto es para ti, papi".
Él, sintió vergüenza de la reacción del día anterior y emocionado, abrió el regalo. Pero al ver que en el interior de la caja no había nada, le dijo en tono molesto a su hija: "Señorita, cuando se hace un regalo siempre tiene que haber algo dentro".
La pequeña, medio llorando le dijo: "Pero papi, no está vacía, la llené de besos para ti".
El padre, conmovido, abrazó a su hija y le pidió perdón.
Con el tiempo, la niña creció y se fue a vivir muy lejos. Su padre, cada vez que la echaba de menos, metía su mano en la caja y sacaba un beso imaginario. Así se llenaba de todo el amor que le regaló su hija.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Las cosas no son exactamente como piensas



Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de una gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compró un paquete de galletas. Se sentó en un asiento en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al lado del asiento donde estaba la bolsa de galletas se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer. Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "Pero, qué descarado, si yo estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide". Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "Ah... ¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?". Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡¡Ah!! ¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia! Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando se sentó, confortablemente, en su asiento, ya en el interior del avión, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... ¡¡todavía intacto, cerradito!! Sintió tanta vergüenza. Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba, ¡¡había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa!! El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no había más tiempo para explicaciones... ni para pedir disculpas.
¿Cuántas veces, en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás, y no somos conscientes de ellos? Antes de llegar a una conclusión... ¡¡observa mejor!! Tal vez las cosas no sean exactamente como piensas, no pienses lo que no sabes acerca de las personas...

domingo, 23 de agosto de 2009

Siempre recuerda aquellos a quienes sirves



En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él. "¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?" pregunto el niño. "Cincuenta centavos", respondió la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas. "¿Cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar.Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente. "Treinta y cinco centavos", dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. "Quiero el helado solo", dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue.El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había los treinta y cinco centavos y veinticinco más... su propina.
Jamás juzgues a alguien antes de tiempo.

Chocolate ajuda à recuperação de um enfarte




Comer chocolate pelo menos duas vezes por semana contribui para reduzir o risco de mortalidade após um ataque cardíaco, revela um estudo sueco. As virtudes do cacau, em quantidades mais significativas no chocolate preto, já eram conhecidas ao nível da tensão arterial e fluidez sanguínea. Porém, a investigação agora divulgada no 'Journal of Internal Medicine' defende que o consumo de chocolate está "fortemente associado a uma redução da mortalidade cardíaca nas pessoas não diabéticas que sobreviveram a um enfarte', cita a AFP. Os participantes no estudo conduzido por especialistas do Karolinska Institute, em Estocolmo, - 1169 homens e mulheres não diabéticos, entre os 45 e os 70 anos - foram seguidos durante oito anos após a sua hospitalização devido a um ataque cardíaco. Os resultados mostram agora que o risco de mortalidade cardiovascular diminuiu mas os especialistas mantêm-se prudentes, já que o açúcar do chocolate pode levar a outros problemas relacionados com excesso de peso. Keneth Mukumal, especialista americano e co-autor do estudo com Imre Jansky, do instituto sueco, recomenda o chocolate, "mas em pequenas quantidades".