jueves, 20 de noviembre de 2008

Juul



Jull tenía rizos, rizos rojos como hilos de cobre; eso gritaban todos: "¡Hilo de cobre! ¡Tienes sangre en el pelo! ¡Caca roja!". Un día, Juul cogió unas tijeras y rizo a rizo se los cortó. Juul tenía la cabeza pelada, y todos le decían "¡Bola de billar! ¡Cara de huevo!". Por eso se puso una gorra. Al no tener pelo, la gorra le caía encima de las orejas y éstas se le salían un poco; "¡Orejas de soplillo! ¡Dumbo! ¡Echa a volar!". Eso le hubiese gustado a Juul, volar muy lejos de allí. De dos rabiosos tirones Juul se arranco las orejas. Como no tenía orejas el gorro se le caía encima de los ojos impidiendole ver bien, y empezó a chocarse contra las paredes, contra los otros chicos, contra las sillas. Juul veia estrellitas, y empezó a bizquear, y los niños empezaron a gritarle "¡Bizco! ¡Cegato! ¡Juul es un cegato!". Juul cerró fuertemente los ojos hasta que se les salieron de las orbitas, cayeron al suelo como dos canicas calientes, pero no botaron. Tenía tanto, pero tantisimo dolor que apenas podía pronunciar ninguna palabra, gemía, babeaba y balbuceaba mientras los otros le decían: "¡Tartaja! ¡Baboso! ¡Jajaja, mirad a Juul, no sabe hablar!". Juul metió su lengua en un enchufe de la luz, se quemó media boca, y su lengua desapareció. El dolor era tan insoportable que Juul apenas podía caminar, las piernas se le torcían y le fallaban, y los chavales le decían: "¡Hee, Juul, el patizampo! ¡Juul piernas torcidas!". Juul se fue al tren, puso las piernas sobre las vías, cuando éste pasó dejó tras di si un largo reguero rojo. Alguien encontró a Juul, alguien lo puso en una silla de ruedas, y mientras Juul empujaba y empujaba para escapar, los niños lo seguían gritándole "¡Juul el ruedas! ¡Juul el ruedas!". Cuando le dieron caza, le mancharon de porquerías las ruedas, ahí donde él tenía que agarrarse para escapar. De la rabia que le dió metió sus manos en agua hirviendo, para tenerlas siempre limpias, pero estaba tan caliente que se quemó y le salieron ampollas y llagas que le supuraban. El médico mandó amputar, y los chicos le decían "¡Brazos de salchicha! ¡Desgraciado!". Juul se hizo llevar al zoo, a la jaula de los leones, metió los brazos por los barrotes y un león se los comió. Juul solo era cabeza y torso y los niños decían "¡Qué pena de torso! ¡Si no lo tuviese podríamos jugar al futbol con su cabeza!". Así que entre todos tiraron hasta que le separaron la cabeza del tronco. Pero resultó que la cabeza, aunque se podia chutar, no botaba bien, y los niños, cansados, dejaron a Juul abandonado en la zona de penalti. Alguien pasó por allí, lo recogió, le dio de comer y lo mimó, le puso un lapiz en la boca y un papel y le preguntó "¿Pero qué te ha pasado?", a lo que Juul contestó: "Yo tenía rizos rojos, como hilo de cobre, eso me gritaban todos: "¡Hilo de cobre! ¡Tienes sangre en el pelo! ¡Caca roja!"; por eso, rizo a rizo, me los corté..."
"Juul", de Gregie de Maeyer

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